sábado, 17 de septiembre de 2011

Salgo volando por la ventana y tantos días quedan atrás. Ya no me duelen todas las cosas, que ayer me podían molestar. Son cajones que se cierran, para que nadie los vea. Son palabras que no pude decir. Pero ya no me importa, porque nada me toca. Y no hay nada vivo dentro de mí. Floto en el aire desde esta tarde, cuando mi cabeza explotó. Ahora el piso es de nubes, me asomo cada tanto a espiarte desde donde estoy.
Y veo, y vuelo. Y veo, y vuelo. El barrio se ilumina y la noche se hace día, brilla como un árbol de navidad. Y estoy alto, muy alto y las luces de los autos que se frenan cada tanto y vuelven a arrancar. Y veo a la gente corriendo, como una coreografía sin fin. Y vuelo como en una avioneta. El olor a fugazeta que cocina mamá, y me acuerdo de aquel día en que decías si pudieras ser un pájaro ¿Qué harías?
Ahora que floto y no siento lo que toco, y la gente no me ve pasar. Voy a aprovechar para ir a buscarte y contarte como es todo por acá. Algunas mañana pasa la abuela Yolanda y nos vamos juntos a pasear; y te manda saludos el marido de Pocha, que me juega al ajedrez y no le puedo ganar. Y dale para adelante con el pibe de a la vuelta, que a la tarde te pasó a visitar. Yo te sigo esperando porque nada me apura, y algún día todos vienen para acá. Y veo (y veo)... Y vuelo (y vuelo)... Y veo (y veo)... Y vuelo... Y veo (y veo)... Y vuelo (y vuelo)... Y lloro (y lloro)... Un poco (un poco)...