Me acuerdo una vez, hace un año más o menos, iba caminando por la peatonal. Eran esos tiempos en los que yo no tenía sentido y menos mi vida, me sentía tan vacía. Me acuerdo que tenía ganas de fumar, pero estaba esperando a alguien. No me acuerdo bien a quién ni por qué estaba ahí. Venía de mirar ropa, pero no me compré nada porque no me gustó, pensaba que la peatonal era una mierda en donde no había nada. Estaba amargada, frustrada. Estaba toda vestida de negro, era un emo en potencia. Toda pintada. Deliberaba en arriesgarme en ir al kiosco o no ir, porque esa persona iba a tardar poco en llegar. Estaba parada en un punto de encuentro. Pasaron unos chicos y me pidieron monedas. Les dí unas que tenía en el bolsillo de la campera. Pasó una chica, vestida impecable, piel blanca, zapatillas verdes, calzas grises con un motivo raro (también con verde), una remera amplia con dibujos haciendo juego, un sombrero gris y una sonrisa que iluminaba a cualquiera, pelo rojo muy corto. La mina caminaba como si atrás se moría todo, como si fuese la más grosa pero humilde. Los pendejos le pedían monedas y ella decía que no con la cabeza. Se paró enfrente mío, también esperaba a alguien. Tenía un bolso hermoso, no me acuerdo de qué color... pero era hermoso. Fumó dos o tres cigarrillos. Yo ya no tenía ganas de tocar uno, sólo la quería ver. Sus movimientos, sus risas por celular. Era fantástica. Me acuerdo que me llamaron, me distraje y la vi irse caminando para el lado contrario del rio. Nunca más la vi ni la encontré caminando por la peatonal.