Cada ceniza que caía, cada botella que se rompía... me hacía pensar. Pensar en cualquier cosa, como para irme a otro mundo. Otro mundo en el cual la gente que yo quiero está bien y feliz, no está vomitando ni "volando". Un mundo en el que me siento cómoda, segura, querida. No en un mundo donde no existo, no hay nada, es todo gris y lo único que veo es gente suicida. Gente que aprecio y cobra valor significativo en mi vida. Pero como cada cosa que aparece en ella, se va. Se muere, se marchita, se cambia. Ver esas caras pidiendo ayuda, la satisfacción (decepción) de decir: "YO TE LO DIJE". Pero no me escuchaste. Como siempre. En esa vida paralela en la que mi imaginación vuela y en la realidad me hace llorar, en esa quise verte. Feliz y bien. A todos. No los encontré, porque las drogas los estaba matando. Porque ella tiene más importancia que yo en sus vidas. Porque más que una hermana, es una madre. Así, así, los saco a todos de mi vida. No estoy dispuesta a soportar esto, yo sé que van a sentir mi ausencia y les va a doler. Lo lamento tanto tanto tanto, pero es el resultado.