Se desmoronó todo, nada salió. Y aunque tenga tendencia a exagerar las cosas, nunca me interesó saber por qué no se me daban las situaciones. Miré hacia adentro y entendí, en la oscuridad, que aunque lo intente una y mil veces hay cosas que no van a ser. Nunca. Apesar del grandísimo esfuerzo, cuando es no... ¿es no?.
Siempre me resultó interesante catalogar o tildar lo que me parecía correcto y lo que era incorrecto; o lo que a mí me gustaba y lo que me disgustaba. Hasta que te empezás a dar cuenta de que eso no es así, o no lo podés hacer, o por x motivo para vos no es.
En eso se centró mi mente dos o tres semanas. ¿Para mí, no será? Porque las cosas no se daban, aunque lo intentara. Porque los recuerdos estaban vagando por mi cabeza, creando una necesidad de tener nuevos recuerdos o nuevas experiencias que se transformarán en recuerdos. Más pensaba, más me decidía en aguantar. Pero esa decisión se tornaba confusa a veces y totalmente clara en otras oportunidades. Yo lo quiero, lo amo. ¿Aguanto la distancia? Así el voy a aguantar se hacía profundo, se marcaba en mí. Me hacía sentir escalofríos, sonrreír, tener ganas de llorar, querer matarme, querer vivir. Querer que todo se agilice, que todo venga. Que mi vida se transforme aunque sea imposible. Pero a veces el querer matarme noqueaba al querer vivir aunque el querer vivir renacía, cobraba fuerzas, para pegarle más fuerte al querer matarme. Así tuve una pelea larga, con muchos rounds. Con muchas campanas, con mucha sangre. Y esa pelea sigue, hasta que me defina "algo" (situación, palabras, motivos).